"Cuando Antonio Polo, coautor de la nueva edición de Aquelarre, me pidió que escribiera una aventura interactiva para el nuevo manual, aquello fue una gran satisfacción para mí; pues por aquel entonces, mientras él se encargaba de redactar cada capítulo, nosotros, los “tacañones” (como él llamaba a sus asesores) nos limitábamos a darle de cogotazos cada vez que leíamos algo que no nos cuadraba; sin embargo, escribir una aventura me daba la oportunidad de participar más activamente en la confección del “manual definitivo”. Enseguida me puse manos a la obra. Como el cometido era introducir al jugador novel en el mundo de Aquelarre, comencé a pensar en una aventura típica de este juego demoníaco-medieval, que reflejara el binomio existente entre la cruda realidad del mundo racional y el trasfondo legendario del mundo irracional. Acudí a los libros de historia y enseguida encontré el lugar idóneo donde debía transcurrir la historia: Zuheros, un emplazamiento típicamente medieval, un lugar fronterizo con su castillo, su conde, su pueblo amurallado y sus cuevas de alrededor, refugio de bandidos y otras gentes de mal vivir. Leí que cuando este conde murió no dejó descendencia, y este hecho me permitió introducir la parte legendaria que debe tener toda buena aventura de Aquelarre. Calculé unos cien párrafos, pero se me fueron hasta los 133... y es que cada vez se me abrían más frentes y, obviamente, tenía que cerrarlos. Por suerte, los editores fueron comprensivos y aceptaron el hecho de que la aventura ocupara un poco más del espacio que se le había asignado de primeras.
Pero esta aventura aún me deparaba más satisfacciones, pues un buen día, Albert Tarrés, gran aficionado a Aquelarre (y de los más activos que se pueden encontrar hoy día, como demuestra este trabajo) decidió traducirla al catalán, lo cual me pareció una estupenda noticia. Albert ha hecho un gran trabajo de traducción, investigando los términos medievales que aparecen en el original en castellano y su equivalencia en el catalán de la época. Así pues, gracias a él podréis disfrutar a partir de ahora de este “Specus Vespertilionum”, o, mejor dicho, “La Cova dels Ratpenats”, en la lengua de Ramon Berenguer. Solo me queda agradecerle profundamente a Albert su esfuerzo y dedicación, y a vosotros, lectores, desearos que disfrutéis del viaje que estáis a punto de emprender.
Bona lectura!"